Apr. 20, 2018

Cambiando Carne por Habichuelas

“Aun cuando no se cambie nada de la infraestructura del sistema de transporte o energético de los Estados Unidos, y aun cuando la gente continúe comiendo pollo, cerdo, huevos y queso, solo con cambiar la carne por habichuelas podríamos alcanzar entre un 46 y un 74 por ciento de las reducciones de gases de efecto invernadero necesarias para alcanzar la meta propuesta para el 2020 en el Acuerdo de París.”

 

Según James Hamblin, en su artículo “If Everyone ate Beans Instead of Meat”, con un solo cambio en la alimentación, los Estados Unidos casi alcanzarían la meta de reducción de gases de invernadero para el 2020.

Hamblin da detalles del resultado que arroja una investigación llevada a cabo por Helen Harwatt, quien está entrenada en alimentación ecológica (campo que se dedica a desarrollar sistemas de alimentación que crean balances entre la salud de los humanos y la sustentabilidad).  Según el artículo, Harwatt tiene una preocupación genuina por el poco interés del actual presidente Donald Trump en cuanto al cuidado del ambiente se refiere.  El presidente Trump expresa en un Tweet que está convencido de que el calentamiento global es una fabricación hecha por y para los chinos para hacer que la manufactura en los Estados Unidos no sea competitiva.  En adición, en junio del 2017 anunció la retirada de los Estados Unidos del Acuerdo de París, llevando con este comportamiento a que los Estados Unidos sea el único país en el G20 que no haga honor al mismo.

Según el artículo, la investigación de Harwatt estuvo impulsada por la evidenciada realidad de que no podemos esperar mucho avance por parte de la actual administración en cuanto a la mejora del ambiente se refiere.  Es por eso por lo que el estudio se enfocó en maximizar los impactos que cada individuo puede provocar por sí solo para ayudar a alcanzar la meta de reducción de gases de efecto invernadero para el año 2020. De hecho, luego de calcular lo que pasaría si cada americano hiciera un solo cambio en su dieta, Harwartt junto a su equipo de trabajo, encontraron que hay un remedio que podemos adoptar a nivel de la alimentación: sustituir la carne por habichuelas.  Ellos descubrieron que si todo el mundo estuviera dispuesto a hacer ese cambio -hipotéticamente- los Estados Unidos pudieran todavía acercarse a cumplir con la meta estipulada por Barack Obama en el 2009.

Esto quiere decir, continúa explicando Hamblin, que aun cuando no se cambie nada de la infraestructura del sistema de transporte o energético del país, y aun cuando la gente continúe comiendo pollo y cerdo y huevos y queso, solo con hacer este cambio alimenticio podríamos alcanzar entre un 46 y un 74 por ciento de las reducciones necesarias para alcanzar la meta.

Según Hamblin, Harwatt piensa que la gente realmente no está al tanto del impacto que este tipo de cambio puede generar. Él nos asegura que, aunque en el pasado se han generado análisis del impacto ambiental del veganismo y el vegetarianismo, el estudio de Harwatt es una novedad en el sentido de que demuestra que una persona no tiene que darse completamente a la causa, sino que con un solo cambio podrá impactar de manera importante el ambiente y su salud.  Más que cambiar el carro o apagar las bombillas o dejar de ducharse, algo tan pequeño como la sustitución de un solo alimento, recalca, puede ser el cambio más importante y poderoso en torno a lo que es su impacto ambiental.

Es necesario que entiendan el porqué de esto, continúa Hamblin.  Y nos presenta el siguiente escenario para que tengamos una idea del impacto tan grande que tiene la producción de carne en las granjas industriales: una granja industrial de 38,000 vacas necesita 900 toneladas métricas de soya cada día para mantener el crecimiento y engorde de estas. Esta soya va a ser utilizada para alimentar a las vacas.  Las vacas convertirán esta soya en carne para que entonces los humanos consuman la carne.  En este proceso, las vacas van a emitir muchos gases de invernadero y van a consumir muchas más calorías en forma de granos que lo que producirán en carne (según datos verificables, por cada libra de carne que se produce se necesitan 10.6 de granos). En otras palabras, se necesita deforestar más bosques para sembrar la comida de las vacas que lo que se necesita para alimentar directamente a los humanos con ella.

Hamblin recalca que este proceso ineficiente ocurre a grandes escalas cada día y que según las Naciones Unidas el 33% de las tierras arables en el mundo son utilizadas para sembrar comida para las vacas (un tercio de la Tierra es utilizada para producir animales o productos animales).  Esto quiere decir que hubiese mucho menos deforestación y degradación de la tierra si no tuviéramos que dar de comer a todos estos animales de granja, concluye.  Según Hamblin el estudio encontró que, si los americanos dejaran de consumir carne, el 42% de la tierra cultivable estaría disponible. 

En resumen, Hamblin afirma que, a través de un solo cambio, el consumidor puede ejercer un poder significativo y poderoso.  Él asegura que el simple hecho de cambiar la carne por habichuelas puede hacer la diferencia en la reducción de gases de efecto invernadero que afectan nuestro planeta. Si a alguien se le hace difícil hacer un cambio total en su alimentación porque piensa que está dejando las proteínas y las calorías que necesita, finaliza, al menos puede concentrarse en una sola cosa que es la más que está afectando el ambiente y su salud.

***___________***____________***___________***___________***

¿Interesado en el tema del veganismo? Quizá te guste este libro:

https://amzn.to/2Hkyjg1

Estamos participando de un programa de afiliados de AMAZON que está diseñado para que ganemos comisiones por entrar a AMAZON a través de este link.